La mala salud de una población no solo se mide en consultas o camas hospitalarias: también golpea la economía. Especialistas en salud reunidos en un panel reciente estimaron que el deterioro de la salud reduce la productividad y puede recortar hasta 15% el Producto Interno Bruto (PIB) de un país cada año, mientras México continúa invirtiendo en salud muy por debajo de lo que recomiendan organismos internacionales.1
Una factura que se paga con menos crecimiento
Durante el panel "Inversión en Salud: Un compromiso compartido", Marcela Silva, gerente del Grupo Banco Mundial en Costa Rica, aseguró que la mala salud de la población reduce en 15% el Producto Interno Bruto (PIB) de un país al año, al elevar el ausentismo laboral y limitar la productividad.1
En sentido contrario, la misma especialista señaló que un sistema de salud sólido puede contribuir a incrementar el PIB hasta en 7% hacia el año 2040, lo que coloca a la inversión sanitaria como una palanca de crecimiento y no como un gasto que se resta de otras prioridades.1
El contexto que explica esta urgencia es demográfico: de acuerdo con un análisis citado en el panel, los países —entre ellos México— enfrentan un envejecimiento poblacional acelerado, y a mayor edad de la población, mayor es la carga de enfermedades crónicas que los sistemas de salud deben atender.1
No podemos continuar considerando que la inversión en salud es un gasto. La inversión en salud es una inversión en las personas y en el desarrollo del país.
Álvaro Soto, gerente general de Roche Pharma para Centroamérica, el Caribe y Venezuela

México, por debajo del promedio regional
El estándar internacional que recomiendan la CEPAL y la OCDE es destinar 6% del PIB al gasto en salud, pero los países de América Latina invierten en promedio apenas 3.8%, de acuerdo con Álvaro Soto.1
México, sin embargo, se ubica incluso por debajo de ese promedio regional. Un estudio de la Universidad de Duke, presentado durante el Fifarma Annual Summit 2026, identificó a México como el país que menos invierte en salud entre ocho naciones analizadas de América Latina, con un gasto público equivalente a apenas 3% de su PIB, mientras Argentina destina 5.8%, Colombia 5.3% y Chile 5.1%.2
El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) coincide con ese diagnóstico: para 2025, el presupuesto en salud representó 2.5% del PIB, un recorte real de 11% frente a 2024 y muy lejos del estándar internacional.3 Para 2026, el CIEP calcula que el gasto público en salud se mantendría entre 2.6% y 3.4% del PIB, cifra que tampoco alcanza el nivel ejercido en 2024.4
Lo que hay que saber
- Recomendación internacional
La OMS, la CEPAL y la OCDE recomiendan destinar al menos 6% del PIB al gasto en salud.
- Promedio latinoamericano
Los países de la región invierten en promedio 3.8% del PIB en salud, por debajo de lo recomendado.
- Posición de México
Un estudio de la Universidad de Duke ubicó a México como el país que menos invierte en salud entre ocho naciones analizadas, con 3% del PIB.
- Presupuesto 2025-2026
El CIEP calcula que el gasto público en salud de México rondará entre 2.5% y 3.4% del PIB en ese periodo.
Lo que se pierde cuando no se invierte
El costo de la desinversión no es abstracto. Durante el mismo panel se expuso que el retraso de dos años en el acceso a tecnologías para cáncer representó 440 millones de dólares en pérdidas productivas para los países en desarrollo entre 2006 y 2021.1
A nivel microeconómico, el fenómeno también se traduce en cargas para empresas y trabajadores: en México, el ausentismo laboral cuesta hasta 7% de la nómina anual de las empresas, y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que el estrés y la ansiedad generan pérdidas de 16 mil millones de pesos al año en el país.5
Otro estudio, citado por El Universal, encontró que la epidemia de sobrepeso y obesidad disminuye el crecimiento económico de México en 5.3% del PIB, el mayor impacto económico entre 52 países analizados por la OCDE.6

Cuando el bolsillo de las familias cubre la falta de presupuesto
Cuando el presupuesto público en salud es insuficiente, las familias terminan financiando la atención médica con gasto de bolsillo, un mecanismo que puede empujar a los hogares a gastos catastróficos o empobrecedores frente a una enfermedad grave o crónica.1
Especialistas coincidieron en el panel en que la única forma de financiar de manera sostenible los sistemas de salud es a través de alianzas público-privadas y de proyectos basados en evidencia medible, de modo que cada peso invertido tenga un retorno verificable en salud y en productividad.1














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