El Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado el pasado 10 de octubre, llegó este año con una paradoja incómoda para México: mientras las encuestas oficiales registran más personas con síntomas de ansiedad y depresión, el presupuesto público destinado a atenderlas se ha reducido en los últimos años, y más de la mitad de quienes padecen algún malestar emocional nunca llegan a una consulta profesional, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) y especialistas consultados en distintos foros recientes.
Lo que miden las encuestas más recientes
El Módulo de Bienestar Autorreportado (BIARE) 2026 del INEGI encontró que 21.8% de la población tuvo indicios de ansiedad, mientras que 13.4% presentó indicios de depresión, una cifra que, en el caso de la depresión, aumentó respecto al año anterior. La brecha entre sexos es marcada: los indicios de ansiedad llegaron al 26.2% entre las mujeres y 16.7% entre los hombres; en depresión, las proporciones fueron de 15.9% y 10.5%, respectivamente.
Otro ejercicio independiente, presentado por el director del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad de la Universidad Iberoamericana (Equide IBERO), Pablo Gaitán Rossi, con datos de la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado, encontró que 21% de las personas de 18 años o más reportó síntomas de ansiedad durante las dos semanas previas a la medición de 2025. El propio investigador puntualizó que, aunque los niveles disminuyeron respecto de los momentos más críticos de la pandemia de COVID-19, cuando cifras de la universidad registraron hasta 33%, el problema sigue siendo relevante.
Es importante entender qué miden estos instrumentos: son encuestas de tamizaje con síntomas autorreportados, no diagnósticos clínicos emitidos por un profesional de salud. Esa distinción importa para no confundir malestar emocional —real y relevante— con un trastorno formalmente diagnosticado.

El presupuesto va en sentido contrario
Mientras los indicadores de malestar emocional no ceden, el gasto público destinado a salud mental ha seguido una trayectoria descendente. Un análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) documentó una reducción acumulada de 31% en el presupuesto para salud mental durante los últimos seis años4. El recorte proyectado más severo se concentra en el rubro de "Servicios de Atención a la Salud", donde se plantea pasar de 1,575.5 mil millones de pesos en 2026 a 348 millones de pesos para el 2027, lo que representa un recorte de 1,227.6 mil millones de pesos para el próximo año en este rubro.
El ajuste institucional coincide con una reestructuración: a partir de 2026 los recursos se concentran en la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones y en el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz. Según el mismo análisis, la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones concentraría 2 mil 355.6 millones de pesos, mientras que el Instituto Nacional de Psiquiatría recibiría 554.9 millones de pesos.
Lo que hay que saber
- Ansiedad y depresión
El BIARE 2026 del INEGI registró 21.8% de indicios de ansiedad y 13.4% de indicios de depresión en la población.
- Recorte presupuestal
El CIEP documentó una reducción de 31% en el presupuesto de salud mental en los últimos seis años.
- Acceso limitado
Estimaciones del IMSS indican que solo dos de cada tres personas que necesitan estos servicios reciben atención.
- Órgano coordinador
La Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama), de la Secretaría de Salud, coordina las políticas nacionales en la materia.
El costo, la principal barrera para atenderse
Un estudio privado, el Mind Health Report 2026 de AXA e Ipsos, realizado entre el 12 de enero y el 16 de febrero de 2026 con una muestra de mil personas de 18 a 75 años en México, encontró que 36% de la población se autorreporta con alguna condición de salud mental, pero solo el 21% reporta un diagnóstico formal. La brecha se explica, en buena medida, por el costo: 50% de los encuestados señaló que no puede pagar consulta o tratamiento, 16 puntos por encima del promedio mundial.
La consecuencia directa es que 55% no consultó a ningún profesional de salud mental en el último año, según el mismo informe3. Incluso entre quienes sí logran atenderse, el sistema público enfrenta tensiones de capacidad: estimaciones del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) citadas en un encuentro académico indican que aproximadamente dos de cada tres personas que necesitan estos servicios reciben atención, aunque acceder a una consulta no garantiza un seguimiento adecuado, pues pueden existir esperas prolongadas e intervalos extensos entre sesiones.
Aunque los niveles disminuyeron respecto de los momentos más críticos de la pandemia, el problema sigue siendo relevante.
Pablo Gaitán Rossi, director del Instituto Equide IBERO
Dónde buscar ayuda
La red pública de atención en México está coordinada por la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama), órgano desconcentrado de la Secretaría de Salud cuyo mandato incluye coordinar políticas, programas y estrategias de prevención, promoción y atención, bajo un modelo de recuperación psicosocial y con énfasis en derechos humanos, atención comunitaria, inclusión y acceso a los servicios. Para la atención de primer contacto existen los Centros Comunitarios de Salud Mental (CECOSAMA), que según datos de la Secretaría de Salud suman 343 centros distribuidos en 262 municipios dedicados a la promoción, prevención y tratamiento de distintas condiciones de salud mental y problemas de consumo de sustancias.
Quienes cuentan con seguridad social pueden acudir también a las unidades médicas de su institución correspondiente, como las Unidades de Medicina Familiar del IMSS2. Además, en septiembre de 2026 el Gobierno de México puso en marcha la estrategia "El ABC de las Emociones", que se dirige principalmente a adolescentes en planteles educativos, con el objetivo de fortalecer habilidades socioemocionales desde edades tempranas.
- Centros Comunitarios de Salud Mental (CECOSAMA): 343 centros en 262 municipios, atención de primer contacto.
- Unidades de Medicina Familiar del IMSS e ISSSTE, para derechohabientes.
- Línea de la Vida y Código 100, mecanismos de orientación y referencia en crisis.
- Estrategia 'El ABC de las Emociones', enfocada en adolescentes dentro de escuelas.

Lo que no sabemos todavía
Las propias instituciones reconocen zonas de subregistro. Un análisis periodístico señaló que, pese a que 32.5% de los mexicanos de 12 años y más se ha sentido deprimido alguna vez en su vida, la tasa oficial de nuevos casos captados por el sistema de vigilancia epidemiológica es considerablemente menor, lo que sugiere que buena parte de los casos nunca llega a registrarse en los servicios de salud. Especialistas insisten en que estas cifras de tamizaje no equivalen a un diagnóstico clínico y que medir con precisión cuántas personas realmente viven con un trastorno mental formalmente diagnosticado sigue siendo un reto metodológico en México.
Para un lector que identifica en sí mismo o en alguien cercano señales de ansiedad persistente, tristeza prolongada o pensamientos de hacerse daño, la recomendación de las instituciones de salud es acudir a una unidad médica, un CECOSAMA o comunicarse con las líneas de orientación disponibles, sin esperar a que el malestar se agrave.















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