Este 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, México llega con un contraste que resume el estado del sector: por un lado, el gobierno federal lanzó en septiembre la Estrategia Nacional para la Prevención y Atención del Comportamiento Suicida 2026-2030 y el programa escolar El ABC de las Emociones; por otro, el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 propone recortar 90.9 millones de pesos a la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama), justo cuando la demanda de atención psicológica y psiquiátrica no deja de crecer12. En medio de ese tira y afloja entre anuncios y recortes, millones de personas cuidadoras en el país —de niños, personas con discapacidad y adultos mayores— siguen sosteniendo buena parte del sistema de cuidado sin apoyo institucional suficiente.
Más estrategias, menos presupuesto
El dato que marca el debate de este año es presupuestal. De aprobarse sin cambios el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2026, la Conasama y siete programas relacionados con salud mental contarían con 90.9 millones de pesos menos que en 2025, de acuerdo con un análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP)1. Eso significa que el gasto en salud mental pasaría de 3,582.6 millones de pesos a 3,491.7 millones; comparado con los 4,052.5 millones ejercidos en 2024, el recorte acumulado llegaría a 13.8%.
El propio CIEP advierte que ese presupuesto representaría apenas 1.5% del gasto conjunto de la Secretaría de Salud y el IMSS Bienestar, muy por debajo del 5% que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS) para este rubro3. Según el organismo, el recorte "profundiza la brecha de atención en una de las áreas con mayor rezago institucional", especialmente en regiones con baja cobertura y escasez de profesionales.
El contraste no pasa inadvertido: mientras el gasto en salud mental caería, la demanda de atención psicológica y psiquiátrica se ha intensificado tras la pandemia de COVID-19, con un aumento particular de casos de depresión entre jóvenes y adolescentes13.

Lo que sí avanzó en 2026
No todo el balance del año es de retroceso. En septiembre, la Conasama puso en marcha la Estrategia Nacional para la Prevención y Atención del Comportamiento Suicida 2026-2030, que busca articular acciones de los sectores salud, educativo, social y comunitario bajo un enfoque territorial y con pleno respeto a los derechos humanos2. Yerania Emireé Enríquez López, titular de la Conasama, explicó que el comportamiento suicida "constituye un fenómeno complejo y multidimensional, en el que intervienen factores individuales, familiares, sociales y comunitarios".
En paralelo, el Gobierno de México impulsó la estrategia El ABC de las Emociones, enfocada en fortalecer las habilidades socioemocionales de adolescentes y jóvenes desde las escuelas, con materiales de orientación y capacitación para personal educativo que comenzaron a aplicarse en septiembre4.
constituye un fenómeno complejo y multidimensional, en el que intervienen factores individuales, familiares, sociales y comunitarios
Yerania Emireé Enríquez López, titular de la Conasama
El otro lado de la moneda: quién cuida a quien cuida
Mientras el debate presupuestal avanza en el Congreso, otro fenómeno demográfico presiona al sistema de cuidados: el envejecimiento acelerado de la población mexicana. Según el informe Panorama de la Salud 2026 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México y el resto de América Latina tendrán apenas 25 años para adaptar sus sistemas de salud al envejecimiento, frente a los 60 años que tomó ese mismo proceso en Europa5. La población de 65 años o más pasaría de 9% a 18.1% hacia 2050, y la OCDE estima que para ese año se necesitarían alrededor de 60.5 millones de cuidadores informales en la región para atender a la población dependiente.
El problema es que la oferta de cuidado profesional no alcanza: en México, más del 50% de los cuidadores remunerados de adultos mayores carece de formación técnica, lo que agrava la sobrecarga sobre las familias5. A esto se suma que, de acuerdo con especialistas consultados por medios de salud, en el país hay 32 millones de personas cuidadoras que enfrentan riesgos físicos y mentales por asumir esa responsabilidad sin red de apoyo6.
Lo que hay que saber
- Recorte presupuestal 2026
El presupuesto para salud mental caería 2.5% respecto a 2025 y 13.8% frente a 2024, según el CIEP.
- Meta de la OMS
La organización recomienda destinar al menos 5% del presupuesto de salud a salud mental; México destinaría apenas 1.5%.
- Envejecimiento acelerado
La población de 65 años o más en México pasaría de 9% a 18.1% hacia 2050, según la OCDE.
- Cuidadores sin apoyo
Alrededor de 32 millones de personas cuidadoras en México enfrentan riesgos para su propia salud física y mental.
El costo emocional de cuidar
El desgaste no es solo anecdótico. De acuerdo con datos clínicos e investigaciones en salud mental, cerca del 50% de los cuidadores primarios informales pagan una factura emocional por esta labor y llegan a desarrollar padecimientos psiquiátricos, entre los que destacan trastornos depresivos, cuadros de ansiedad severa, síndrome de desgaste profesional (burnout) y alteraciones graves del sueño7.
Especialistas consultados por medios de salud coinciden en un mismo punto ciego del sistema: la atención suele concentrarse en el paciente y rara vez se extiende a quien lo cuida, pese a que esa persona también necesita ser cuidada para sostener, en el tiempo, la calidad del cuidado que ofrece6.
La conversación siempre gira alrededor del niño o del paciente, pero rara vez se habla del cuidador
Especialista citada por UnoTV

Escasez de especialistas, un problema de fondo
Detrás de los recortes y los nuevos programas persiste un cuello de botella estructural: la falta de profesionales de salud mental. De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), el país cuenta con menos de 0.4 psiquiatras y 1.5 psicólogos por cada 100,000 habitantes, una proporción que dificulta garantizar una atención adecuada a toda la población8.
Ese déficit explica, en parte, por qué iniciativas locales —como el primer Foro de Salud Mental realizado en Hermosillo, Sonora, el 6 de octubre, o las campañas contra la discriminación impulsadas por el Hospital de Salud Mental de Tijuana— insisten en la necesidad de hablar abiertamente de los padecimientos psicoemocionales y reducir el estigma que todavía aleja a muchas personas de buscar ayuda9.
- Fortalecer la atención primaria para integrar la salud mental, no solo la atención especializada.
- Ampliar la formación de psicólogos y psiquiatras, con especial atención a regiones con baja cobertura.
- Reconocer y apoyar a las personas cuidadoras como parte integral del sistema de salud.
- Acercar la prevención del suicidio y la salud emocional a espacios educativos y comunitarios.















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