La diabetes tipo 2 continúa siendo uno de los mayores desafíos de salud pública en México: según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2021-2024 (Ensanut), la prevalencia nacional se ubica en 17.0%, con 11.6% de los adultos ya diagnosticados y un 5.4% adicional que vive con la enfermedad sin saberlo. El dato más preocupante no es cuántas personas la padecen, sino cuántas logran mantenerla a raya: apenas 33% de quienes tienen un diagnóstico previo alcanza un control glucémico adecuado, pese a que la gran mayoría ya recibe algún tratamiento.
Qué dice la evidencia
El análisis, publicado en la revista Salud Pública de México del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), utilizó los datos de la Ensanut Continua 2021-2024 para estimar la prevalencia de diabetes tipo 2 (DT2) a nivel nacional, regional y estatal, así como el acceso a atención médica, el tratamiento farmacológico y el control de la glucosa mediante hemoglobina glucosilada (HbA1c).1
Los resultados muestran que Durango y Campeche presentan la mayor prevalencia diagnosticada, cercana al 16%, mientras que las regiones Centro y Pacífico-Norte del país concentran las prevalencias totales más altas, de 21.1% y 20.7% respectivamente, así como la mayor proporción de casos no diagnosticados.1
Entre las personas ya diagnosticadas, el estudio encontró que 73.0% recibió atención médica y 90.9% estaba en tratamiento farmacológico, pero solo 33.0% logró un control glucémico adecuado, con proporciones aún menores —por debajo del 30%— en las regiones Pacífico-Centro, Ciudad de México y la Península.1

Una crisis que no es nueva
El diagnóstico coincide con lo que UNAM Global documentó en un análisis previo sobre la enfermedad: la diabetes tipo 2 representa más del 95% de los casos de diabetes en México y su prevalencia había alcanzado ya el 18.4% de los adultos en 2023, de acuerdo con el INSP.2 La diabetes es, según ese mismo instituto, la principal causa de muerte en el país y una de las mayores causas de discapacidad, ceguera, amputaciones e insuficiencia renal.
Esa brecha entre diagnóstico y control no es exclusiva de un año o una encuesta: en 2023, más de la mitad de las personas con diabetes en México permanecían descontroladas pese a que el 93% de quienes tenían diagnóstico seguía algún tratamiento.2 Especialistas de la UNAM han señalado que solo tres de cada diez pacientes diabéticos en el país logran un control adecuado de la enfermedad, un patrón que las cifras más recientes de Ensanut confirman.3
Lo que hay que saber
- Prevalencia nacional
17.0% de los adultos mexicanos vive con diabetes tipo 2, según Ensanut 2021-2024.
- Casos sin diagnosticar
5.4% de la población adulta tiene diabetes tipo 2 sin saberlo.
- Control glucémico
Solo 33% de las personas diagnosticadas mantiene un control adecuado de la glucosa (HbA1c menor a 7%).
- Regiones más afectadas
Centro y Pacífico-Norte concentran las mayores prevalencias totales y no diagnosticadas del país.
El reto no es solo llegar a la clínica
Un estudio del Centro de Investigación en Evaluación y Encuestas del INSP, publicado en Salud Pública de México en abril de 2026, aporta una pieza adicional al problema: los llamados "desiertos de cobertura efectiva" en atención primaria para diabetes no se explican solo por falta de clínicas o distancia geográfica.4 Los investigadores documentaron que, en las unidades de primer nivel analizadas, solo 578,470 personas estaban registradas en tratamiento activo, lo que representa una cobertura efectiva de apenas 13.2%, y de ese grupo únicamente 192,690 se encontraban en control.
Esto sugiere que la infraestructura de salud existe, pero los servicios no siempre logran traducirse en resultados concretos para los pacientes, un hallazgo relevante para entender por qué el control glucémico sigue siendo tan bajo pese a que la mayoría de las personas diagnosticadas ya recibe tratamiento.

Qué significa para pacientes y sistema de salud
Para pacientes y cuidadores, estas cifras subrayan que tener un diagnóstico y tomar medicamento no garantiza un buen control de la enfermedad; el seguimiento regular con hemoglobina glucosilada y el ajuste del tratamiento con personal médico siguen siendo pasos clave. Para el sistema de salud, los datos de Ensanut y del INSP apuntan a la necesidad de fortalecer no solo el acceso a consulta, sino la calidad y continuidad de la atención en el primer nivel, especialmente en las regiones donde el descontrol es más alto.
Las brechas identificadas —por región, por tipo de institución y por nivel de cobertura efectiva— también son relevantes para quienes diseñan políticas públicas: la disponibilidad de clínicas no basta si los servicios no logran mantener a los pacientes en control a largo plazo.













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