En México, 31.7 millones de personas mayores de 15 años cuidan de manera cotidiana a un familiar enfermo, con discapacidad o en situación de dependencia, y tres de cada cuatro son mujeres, según datos presentados en un foro organizado por Casa Ronald McDonald México. Detrás de esa cifra hay un problema de salud pública poco visible: investigaciones del Instituto Nacional de Psiquiatría muestran que hasta la mitad de quienes cuidan de forma informal termina desarrollando depresión, ansiedad o síndrome de desgaste, conocido como burnout.
Qué dicen los datos
El fenómeno tiene nombre clínico: Síndrome de Sobrecarga del Cuidador, o cuidador "quemado". Leticia Ascencio, psicóloga del Servicio de Cuidados Paliativos del Instituto Nacional de Cancerología (INCan), explicó durante el panel Cuidar a Quienes Cuidan que este síndrome se presenta en un contexto de aumento de personas que requieren atención permanente, sobre todo por enfermedades crónicas, y de una insuficiencia de políticas públicas para respaldar a quienes las atienden.1
Ascencio describió cómo el agotamiento se traduce en fallas concretas en el cuidado diario, no solo en cansancio percibido.1 La especialista detalló que este cansancio persiste incluso cuando la persona cuidadora duerme suficientes horas, y que se manifiesta en errores como dosificar mal un medicamento por falta de atención o memoria alterada.
Por su parte, investigaciones del Instituto Nacional de Psiquiatría revelan que hasta el 50% de los cuidadores primarios informales desarrollan trastornos de salud mental como depresión, ansiedad o síndrome de desgaste (burnout).2 Este dato fue retomado en un foro convocado por la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM), que urge a consolidar un Sistema Público de Cuidados que reconozca esta labor como un derecho humano y una responsabilidad compartida.
Identificamos mucho cansancio físico en los cuidadores. Por más que tienen horas de sueño siguen estando cansados.
Leticia Ascencio, psicóloga del Servicio de Cuidados Paliativos del INCan

Una labor invisible y sin remuneración
Durante el Día Internacional del Autocuidado, celebrado el 24 de julio, Casa Ronald McDonald México reunió a especialistas en salud, cuidados paliativos y atención a pacientes para discutir un tema que rara vez ocupa la conversación pública: el bienestar de quienes cuidan.3 Juana Ramírez, presidenta ejecutiva de Grupo SOHIN, señaló que este trabajo representa una de las mayores aportaciones silenciosas a la economía nacional, pese a que continúa siendo prácticamente invisible.
La CDHCM advierte que, en la mayoría de los casos, brindar atención cotidiana a un familiar con un diagnóstico de salud mental o discapacidad se ejerce sin remuneración y con un alto costo emocional, a pesar de ser fundamental para la recuperación, la estabilidad y la dignidad de la persona atendida.2 La comisión cita modelos de Europa y Asia donde la remuneración, los programas de respiro y el apoyo multidisciplinario han demostrado prevenir el colapso familiar y evitar hospitalizaciones innecesarias.
El caso de enfermedades crónicas visibles
El desgaste no se limita a enfermedades graves o terminales. Un estudio reciente sobre dermatitis atópica, padecimiento que en México afecta a más de 13 millones de personas, encontró que el 80% de los cuidadores reporta depresión, angustia, frustración o culpa.4 Las mayores afectaciones se presentan entre quienes cuidan a bebés y a niñas y niños de cero a cinco años, según el estudio Dermatitis Atópica: Más allá de la piel, de Fundación IDEA.
El hallazgo ilustra una dimensión que suele pasar desapercibida al hablar de salud mental y enfermedades crónicas: una condición médica puede afectar profundamente no solo a quien la padece, sino también a las personas que la acompañan día a día.4
Qué recomienda la Secretaría de Salud
Ante este panorama, la Secretaría de Salud federal publicó el Manual de apoyo para personas que brindan cuidados a otras, con recomendaciones dirigidas específicamente a quienes asumen este rol.5 El documento subraya que proteger la salud física y mental de los cuidadores primarios es indispensable no solo para su propio bienestar, sino para la calidad del cuidado que ofrecen.
- Expresar emociones: hablar sobre preocupaciones y sentimientos con personas de confianza o profesionales de salud mental para prevenir el aislamiento y el estrés.
- Informarse sobre la enfermedad: comprender la condición de la persona a cargo para tomar decisiones con mayor seguridad.
- Buscar apoyo: compartir responsabilidades con familiares, amigos o servicios profesionales para evitar la sobrecarga.

Un tema que empieza a discutirse institucionalmente
El interés en el desgaste del cuidador también llegó a espacios de formación médica. El Congreso de Salud Mental 2026 de la Fundación IMSS, en su cuarta edición, eligió como lema "El binomio de la salud mental y los cuidados paliativos: rompiendo paradigmas", con el objetivo de reforzar el cuidado de cuidadores como parte de la agenda de especialistas en desarrollo humano y salud mental.6
En un registro más cotidiano, el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF) organizó el foro "Cuidándome para cuidar", donde especialistas en salud mental, rehabilitación, educación y cuidado infantil abordaron el cansancio, el estrés y la sobrecarga que enfrentan madres, padres, docentes y personas cuidadoras.7 El encuentro planteó que atender a niñas y niños también implica reconocer las necesidades físicas, emocionales y mentales de quienes están a cargo de su cuidado.
Lo que hay que saber
- Magnitud del problema
En México hay 31.7 millones de personas cuidadoras mayores de 15 años, y tres de cada cuatro son mujeres.
- Riesgo de salud mental
Hasta el 50% de los cuidadores primarios informales desarrolla depresión, ansiedad o burnout, según el Instituto Nacional de Psiquiatría.
- Síndrome identificable
El Síndrome de Sobrecarga del Cuidador provoca cansancio persistente, alteraciones en la atención y errores en el cuidado, como fallas en la dosificación de medicamentos.
- Recomendación oficial
La Secretaría de Salud recomienda expresar emociones, informarse sobre la enfermedad y buscar apoyo para compartir responsabilidades.















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